Vivencias

En la banca el abuelo

Quién sabe qué tantas cosas recordaba en esos momentos en que perdía la vista. Lo supe cuando comencé a perderla del mismo modo, pero sin la expresión de perturbación; sólo recordaba, revisaba mi corazón y quitaba el polvo a los baúles de la memoria en que había guardado esos sentimientos que hoy ya no creía capaz de sentir. Estaba vivo otra vez en las mismas circunstancias de mi abuelo, con la misma mirada perdida del primer Rubén, el que yo sabía ya en mi juventud no demasiado viejo para tener fibras sensibles en las entrañas, el que había andado ya muchos caminos que yo aún no conocía y por los que yo también, hoy, ante esas canciones de Serrat, también comenzaba a andar.

La sorprendente repetición de la vida, los ciclos que El Diablo no entendía por qué a Dios tanto le gustaban.

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