Vivencias

Escucha la lluvia en los árboles,

lejos de aquí en los tejados, las lozas, las paredes. En el patio del departamento de abajo y haciendo eco desde el vacío y hasta en el pasto ausente. Arrulla el sueño que no ha de pasar, los recuerdos que no habrán de despertar, la soledad permeable por el agua de todos mis amaneceres.

Escucha Te Deum mientras confundes la lluvia con los pensamientos. Goteras que se hilvanan con el escurrir del tiempo, brisa que no se puede almacenar… y cae y viene y se va… y se pierde.

Escucha mi corazón, mujer, ahora que ya no pones en mi pecho tus oídos. ¿Escuchas mis palabras, ahora, corazón?, ¿piensas en ellas ahora, que ya no estoy?, ¿piensas en todo lo que yo siempre te había dicho?

Callar para darse a escuchar. Ausencia para hacerse sentir. Crear vacíos para hacerse sentir. Irse uno porque se quiso de más, porque dejamos morir el amor.

La arrastrada soledad, la del abandono, la del niño de 4 años sin su madre. No más amor, ¿ya para qué?, para enseñarse a vivir, para dejarse ir porque se quiere.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s