melancolía, Vivencias

Agua para café,

yo te puse a calentar. Después de dos años de inquietudes vuelven a mí, intermitentes, los lagos en calma de mi juventud… y hoy me senté en paz. Una paz vehemente, largamente deseada (sin saberlo), tras inquietudes que me doblegaron, anhelos que me subyugaron, pesadumbres y obsesiones que se apoderaron de mí. Sueños que fueron prisión.

Hoy, un gesto tuyo es monzón en los desiertos de mis angustias. Un globo que me regalaste, que me lanzaste desde arriba (por encima de mi entendimiento, donde siempre, mujer, estás) y que no vi caer. Agua caliente en la estufa (como en las mañanas de mi primaria) que lava la cara sucia a mi corazón, volviste por él y lo trajiste a mis manos. Tenacidad y pureza de tu amor, claridad en tus ojos que pone siempre entre tus manos el brillo de todas las cosas. De todas las cosas.

Así me estaba, sin saberme estar, cuando te ibas, antes de que el perro de mi pensamiento fuera tras de tí como yo: corriendo… ladrando, dando alaridos tras tu bicicleta sin saber por qué, porque es su naturaleza. En éso pensaba yo, antes de irme, sentado en tu silla, extrañándote… echando a llorar desconsolado mientras el agua en la estufa empezaba a hervir.

 

melancolía

Naturalezas

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Morelia, Mich.

Llueve con facilidad. Llueve melancólicamente. El agua a chorritos discurre por todas las cosas: el barandal, la ventana, la planta del chayote (iluminados los hilos de agua por el faro de la calle), sobre el pobre y descuidado jardín.

Llueve en la soledad del cuarto (la tierna soledad, la de cuando niño, la de la paz de la noche de mi niñez), llueve desde los sueños hasta los marcos de las puertas y corre, calle abajo, como señora apresurada de labios apretados.

No todas las cosas interrumpen el sueño como el brazo estirándose de mi mujer (así, con ternura), no todas las noches me separa del sueño tan dulcemente la lluvia.

Hallándonos en su líquido deambular se siente uno protegido por su techo, como el de la casita construida con maderas y cobijas en el patio de atrás, en la casa (que era mi casa) a los 8 años. Cualquier techo en que uno se refugia es la propia casa sólo en el instante en que se tiene la lluvia.

Te guareces conmigo, amor, aquí junto a la gotera del techo, allá en la seguridad de tu cama. Juntos hallamos nuestra naturaleza, uno al lado del otro, como dos monos acurrucados (macho y hembra), bajo una hoja enorme de árbol, desde el inicio de todas las eras.

Pensarme contigo esta noche (cada noche), está en mi naturaleza.

melancolía

Un papel sucio y varios viejos

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Diciembre 9, 2012

Cuando a los doce años me llamaron «joven» por primera vez, me sentí grande (fue un domingo, recuerdo exactamente quién y en qué situación). Camino a mi casa iba pensando en la impresión que aquel suceso me causó: no cabía en las banquetas, yo había dejado de verme como niño, ya era un joven y merecía un trato distinto al recibido hasta ahora… una consideración mayor de persona mayor. Estaba sorprendido y me sentía a gusto con el cambio reciente: me gustaba ser «un joven».

De un tiempo a la fecha he recordado aquél suceso cada vez que, ante los gestos que les hago, los niños me señalan con el dedo, jalan de la falda a sus madres y les dicen: mamá, ése señor me hizo una cara…

Sólo una vez se capa el «cuch» (dice mi mamá) y, a diferencia de a los 12 años, quizás ya me habría inquietado de pensarme como «un señor» si no fuese por la certeza que ahora tengo de que nunca he sido joven.

Julio 8, 2013

Este callejón y su preciosa vista, esta lluvia misma que desde que llegué me recibió muy bien. La misma ventana, los mismos anhelos, la misma noche, dos años y muchas vivencias después. Buenas noches, señor farol. Yo, a usted y a su luz, sí les extrañé.

Julio 18, 2013

Ellos dos: las cenizas de sus cuerpos en dos macetas… Juntos tambien en la muerte, a un lado de su obra. Y una ‘siempre viva’ sobre cada uno. Dicen demasiado. No creo poder decir algo mejor sobre la vida.

(Visita a la Casa-Museo de Olga Costa y José Chávez Morado)

Julio 22, 2013

Me pregunto, ¿qué habrìa hecho Funes, el memorioso, con los rencores?… ¿acaso habrán sido plaga, mala yerba, en sus recuerdos?

Octubre 15, 2013

Los minutos, los minúsculos pensamientos y los centavos… El diablo está en (la filigrana de) los detalles.

Octubre 28, 2013

Qué tarde más bonita… Este sol apacible, este horario al natural. Huele a 2 de Noviembre, a flor de muerto, a camino con sombra hacia el panteón de Las Margaritas… a tumba de abuela Chayo. Encurtidos, papel de china, mandarinas, aguardiente y quinsanto… Cómo se vuelven a tener 8 años…

Noviembre 26, 2013

Borges decía, ya siendo adulto, que prefería las mañanas, a diferencia del Borges joven, que siempre gustó de los atardeceres. Hoy tengo los mismos gustos, prefiero las mañanas… pero yo voy detrás del mismo afán como los perros tras los carros. No he podido evitar sentir un atisbo de miedo: no estoy tan adulto… ni soy Borges.

Enero 17, 2014

Uno, que se cree lector… sin sospechar que es personaje de una novela. Y al espejo: Rubén, ¿quién es tu escritor?… ¿Estás dentro de una fascinante historia?… ¿Pueden tus ojos ver las tapas de tu libro?… ¿En qué capítulo estás?

Abril 7, 2014

Dos señores muy amables, saludándote con gusto, de buena fe, bienintencionados, hablándote de El Señor… Tú: Nietzche bajo el brazo, intentando que no vean en tus manos la Genealogía de la Moral…

Junio 27, 2014

Ella: junto con su voz reciente como la mañana, que sabe a café y huele a frío, a lluvia, a tierra mojada…

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Abril 11, 2015

Vuelve la lluvia y, como siempre que llega, se regocija mi corazón. Yo de verdad quisiera que por siempre el tiempo se estuviera así, con las gotas sobre los árboles, los grises en el cielo, ese apoyo a la imaginación que es la falta de calor, el silencio del trinar de las gotas, el viento, las caricias de la birsa en mi cara, sobre el sillón, junto a la ventana… y el color fuerte, renovado, de todas las cosas. Diría que en verdad sufro la ausencia de la lluvia en este sitio, pero que más me vale pensar en que disfruto sobremanera su presencia.

Mi corazón se hincha, se llena de gotas. El agua llega hasta las cortadas y otras heridas que se resecan con los días. Yo no me sé estar sin la lluvia, no me sé sanar sin su perdón.

La lluvia se siente como me imagino que debe sentirse, sobre uno mismo, el perdón.

Abril 26, 2015

El rencor hace levantar las llamas del enardecido, muy alto. En los ratos de desasosiego me da por pensar con las vísceras. A todos ésos que en clase me preguntan: ¿y éso para qué sirve? Debiera responderles con Plutarco, “la mente no es un vaso para llenar, es una lámpara para encender.”

bicicletas, demonios, la felicidad de El Diablo, música, melancolía, travesía

Circunferencias

430519

Un amigo que se va… y otro círculo se cierra. La ausencia de todo lo suyo, lo que ahora ocupa su lugar. El pesar de su pareja, el anuncio anticipado, los preparativos y el día en que habría de partir. «Todos los días llegan», me decía Enrique… y esos que llegan también se van.

No he caído en la cuenta de su partida sino hasta que caminé, sin él, hacia mi casa… Calles vacías de un partido de fútbol reciente (de esos eventos que paralizan esta ciudad) y en el cuello (sobre mí) el peso de la tarde. Tuve la sensación de que algunos cambios han de suceder en mi vida y, de hecho, se fueron sucediendo ante mí: la guitarra nueva, cuando di golpecitos con el puño a la pared de un negocio cerrado; los intereses en la música que tuve en la adolescencia y que me han hecho retomar la trompeta, ante el semáforo en rojo; la vivienda (ahora) a solas, mientras me incorporé a la acera por la que se llega a mi casa; el olor a vela apagada y las muchas que quiero hacer «cuando llegue la luz»… Los muebles ausentes (sobre todo, mi cama) y los libros incómodos, en esos estantes apretujados, donde no es su lugar (mi mamá describe esa incomodidad a la perfección: «parece que los tuviera encima»).

Y la bicicleta… quiero (ya puedo, por la ciudad, por la posibilidad, «poder») tener otra vez una bicicleta. Los círculos que se cierran, sus ruedas que giran, las páginas de mi vida que van quedando atrás. Otra vez pedalear sobre los campos de maíz, como a los 14 años, ahora a los 29 (un mes más y tendré 29)… ahora, adelante, sobre la vida.