patrañas marca diablo

Sol de día de muertos

Templando el alma están los violines que se escuchan quedito. Libre la tarde del quemante sol, sólo hay unos rayos. El olor del octubre fenecido,  un frío promesa de diciembre. Los aires más allá, hasta allá, detrás del sol y de las nubes. Mi alma templada ya se observa a sí misma y yo, que no me encuentro en paz. Sufro por algo que perdí (alguien, quizás yo mismo), un trozo de sí que se quedó en alguna parte. Incompleto, inquieto, no hallo sino similitudes entre mi constante respirar la tarde, el llanto por el morir del sol y el estar lejos de las tumbas de mis muertos, que son sólo dos… hurgando los recuerdos son 3, no conocí a Emilio (el abuelo, el cuarto), pero me hicieron (mamá) pensando en él. Añoro algo que no soy, como si yo (yo, el que se dice yo) no existiese.

Un suspiro hondo, el olor de los sueños perdidos, que no sé a dónde se van.

Flores naranjas y agua fresca en vaso de cristal, libros en anaqueles y alimento para el alma, para el cuerpo y el alma, del yo que se me fue y no ha venido. Una vela para su caminar extraviado, para iluminarse, reconocerse sin mí, buscarme. Rezos y plegarias para que vuelva ese yo que ya no está… o que me encamine de vuelta hacia él, me lleve consigo.