Vivencias

No sea breve, por favor…

dúreme aunque sea un poquito. Extiéndase más allá de la caricia y el suspiro, de la alegría de mirarla sin que me note, del agua de la imaginación en los huecos de la realidad. No se es exigente al pedirle se vuelva amor, en mí se es natural. Déjeme un, no sé, un recuerdo… un arete en el buró o un cabello en el sillón de la sala… Regáleme una cosa que después de Usted se quede conmigo, conmigo (una sustancia, una nota a lápiz en mis libros, algo que no termine en el polvo después de haber barrido).

Mire que si no se le ocurre, yo, a quien tanto se le ha ido con la lluvia, le puedo dar sugerencias: un olor satisfactorio en las ropas (quizás en la piel), una picadura de mosquito en el pecho… Yo, yo, le ofrezco tras mi partida (ya sea en la mañana de este día o en la noche de mi vida o de mi sol), una mancha de aguacate en el blanco de su memoria… y una figurita en lo azul de su corazón.

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